HISTORIA DE LA MÚSICA CRIOLLA PERUANA

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martes, 10 de julio de 2018

ABELARDO GAMARRA "EL TUNANTE"



ABELARDO GAMARRA  “EL TUNANTE”



Abelardo Manuel Gamarra Rondó, conocido como “El Tunante nació en Huamachuco, el 31 de Agosto de 1852 y falleció en Lima el 9 de julio de 1924. El fue un gran escritor, periodista, político y compositor peruano.



En el ambiente criollo, algunos conocen a Gamarra sólo por haber bautizado al baile nacional como “Marinera”. Otros le atribuyen la co-autoría del vals Luis Pardo. Son muy pocos lo que han conocido y conocen la grandeza de su biografía y de sus obras. Entre ellos se encontraba el literato y ex Presidente del Senado de la República por el Partido Aprista don Luis Alberto Sánchez.



La admiración que Sánchez profesaba a Abelardo Gamarra lo animó a publicar diversos artículos honrando su memoria e incitando a los peruanos a conocer y amar las obras de “El Tunante”. A continuación, les comparto un artículo escrito por él en semanario nacional La Revista, del 25 de Agosto de 1927.



Abelardo Gamarra "El Tunante"




EL CASO DE “EL TUNANTE”



“El Tunante” fue un escritor al que se ha glorificado póstumamente. Mientras vivió se le tuvo en poca cuenta y fueron muy escasos los que le comprendieron y elogiaron. Después de muerto, el panorama ha sufrido una brusca sacudida.



Hasta “por parecer bien”, los literatos alaban el estilo de Abelardo Gamarra, aunque no por eso le conozcan mucho más. Es signo de buen gusto, de actualidad, de “andar con la hora” y de “vernaculidad” (horror con la palabreja) ser tunantista ya que no tunante. Le revaloramos al gran escritor huamachuquino, le miramos con respeto, con el mismo respeto que nos inspirara su actitud externa, cuando publicaba incesantemente, sin tregua las páginas de “La Integridad”.



El Tunante ha vuelto a aparecer en la literatura, de la cual no debió desaparecer nunca; en gran parte por el esfuerzo de la nueva generación, fiel a los valores de la tierra, a lo autóctono y a un oportuno artículo – desmesurado en el concepto, eso sí – de Federico More, glosado, al punto por algún escritor peruano. Sin embargo, nadie puede obtener sus “Rasgos de Pluma” y no se encuentra sus “Cien Años de Vida perdularia”.



¿Porqué esta racha de amor al “Tunante”? ¿Será cierto que todos sienten esa devoción intensa por su obra y que ya hay que colocarle en el consagrado sitial de los dioses mayores de nuestra literatura, colocados ad libitum en una escala digna del mayor regocijo? Cuantos alaban a Gamarra, ¿le habrán leído? ¿Sentirán en efecto su gracia criolla y más que su gracia, su fuerza terrígena, su estrecha ligazón con el país nativo? ¿O es que solamente, le toman como un motivo convencional de manifestar un nacionalismo repentino y dudoso y confunden su amargura de hombre sincero con el gracejo de unos cuantos sacripantes literarios, a quienes hemos dado en llamar “escritores festivos” y “escritores satíricos”?



Para mí, la actualidad de “El Tunante” tiene mucho de convencional en la forma como se ha desarrollado, aunque una gran justicia y un gran acierto en cuanto a su contenido. Nada más justo que loar al escritor que fue honrado, sincero y original durante su existencia entera. Abelardo Gamarra, surgido en el grupo renovador e irreverente de González Prada, vivió siempre fiel al maestro y como él, se apasionó y estuvo perennemente en lucha por las cosas de la nacionalidad.



El perseguía un ideal de perfección inalcanzable. Se enfervorizaba por el ideal de la integridad nacional. Sus dardos, sus risas, escondían una pasión muy honda por la Patria. De sus propios relatos costumbristas, en que le plugo derrochar su talento, no es posible deducir una filiación netamente de tal, de costumbrista, de “criollo”, según la acepción corriente, en que se usa este vocablo. Y sin embargo, nadie menos criollo que Gamarra, dentro de ese mismo contexto.



Gamarra se indignaba a menudo contra lo llamado, trunca y pintureramente “criollo”, viendo en ello un cierto jaez de flamenquismo. Cuando tuvo una polémica sobre la marinera, él mismo la definía como un aspecto fragmentario de la nacionalidad, mientras que el yaraví, encarnaba el alma de la nación.



A “El Tunante” se le ha malcomprendido. Hoy le endiosan porque le saben representante vernáculo de nuestra literatura. No es del todo cierto que él con Palma y Prada sean lo unico de nuestra literatura, como dijera More. Pero sí es cierto, que Gamarra es totalmente distinto a los otros. Su filiación gonzalezpradeana le condujo por senderos de austeridad indoblegable, claramente expresados en el título de la hoja que escribió durante toda su vida: “La Integridad”.



A veces se me aparece Gamarra como un Almafuerte, sin versos, pero más lúcido. De una charla con él, poco antes de morir, conservo el recuerdo de su decir peculiarísimo, de su mirada miope, fijandose en todo cuanto acontecía a su alrededor, de su franco opinar y de su talante al desgaire, que no había perdido, a pesar de su existencia capitalina, el sello de la provincia, nativa.



Hay que revisar detenidamente a Gamarra. Precisamente porque vale tanto y no se ha dicho aún ese valor, por eso hay que revisarlo, para no caer en las exaltaciones audaces y sin cimientos. Yo estoy seguro, que de la revisión saldrá “El Tunante” más puro, más fuerte, más él. Pero hay que sujetarlo a éste. Y antes, hay que leer sus libros y para leerlos, reeditarlos y divulgarlos, con el empeño y el amor que se ponen en las obras de reparación justa y en los homenajes, paradójicamente, razonados y fervientes.




LUIS ALBERTO SÁNCHEZ




Pepe Ladd, 09 de Julio del 2018.





FUENTE BIBLIOGRÁFICA:



Sánchez, Luis Alberto.  Semanario Nacional La Revista. El Caso de “El Tunante”, Página 21. Lima, 25.08.1928.

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